Nos habéis escrito muchxs por Instagram con una versión de la misma pregunta: "me gusta alguien que no es mi pareja y me siento fatal por ello". Si es tu caso, lo primero que quiero decirte es que sentir esto no te convierte en mala pareja, ni en alguien que "ya no quiere a quien tiene al lado". Tiene un nombre, se entiende, y se puede gestionar sin castigarte por el camino.
Concepto¿Qué es exactamente la limerencia?
La limerencia es un estado de atracción intensa y en gran parte involuntaria hacia otra persona: pensamientos recurrentes que aparecen sin que los llames, una idealización de esa persona que la hace parecer casi perfecta, y una necesidad casi ansiosa de saber si esa atracción es correspondida. El término lo acuñó la psicóloga Dorothy Tennov en 1979, tras años estudiando la experiencia de "estar enamorado" en cientos de personas.
No es lo mismo que enamorarse de forma estable, ni que una simple atracción física puntual. La limerencia tiene un componente obsesivo: cuesta concentrarse, la mente vuelve una y otra vez a esa persona, y el estado de ánimo puede depender de una señal tan pequeña como un mensaje leído o no respondido.
Y sí, puede aparecer estando en pareja, incluso en una relación con la que estás bien. No es una señal fiable de que algo vaya mal contigo o con tu relación; es, sobre todo, una respuesta del sistema de recompensa del cerebro ante la novedad y la incertidumbre.
AutodiagnósticoSeñales de que podrías estar viviendo limerencia
- Piensas en esa persona de forma recurrente, incluso cuando no quieres.
- Analizas cada mensaje, mirada o gesto buscando si hay algo de vuelta.
- Idealizas a esa persona, casi sin ver ningún defecto.
- Tu estado de ánimo sube o baja según haya o no contacto con ella.
- Sientes culpa o confusión, sobre todo si tienes pareja.
- Te cuesta hablar de ello, incluso contigo misma, sin sentir que estás haciendo algo malo.
Limerencia y amor: en qué se diferencian
El amor estable se construye con el tiempo, se apoya en la realidad de la otra persona —defectos incluidos— y no depende de su respuesta constante para sostenerse. La limerencia, en cambio, vive de la incertidumbre: se alimenta de no saber si serás correspondida, y suele apagarse en cuanto esa incertidumbre desaparece, sea porque la persona corresponde o porque queda claro que no lo hará.
Otra diferencia clave: en el amor te importa el bienestar del otro por sí mismo. En la limerencia, lo que buscas —muchas veces sin darte cuenta— es que esa persona te haga sentir valiosa, deseada o elegida. No es la persona lo que se echa de menos, sino lo que su atención parece prometer.