¿Por qué me pongo a la defensiva cuando me critican? | Cristina Berzosa
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¿Por qué nos cuesta tanto escuchar que hemos hecho daño sin sentir que somos "malas personas"?

Hay una escena que se repite con muchísima frecuencia en las relaciones personales y en la consulta de psicología: alguien a quien quieres te dice «esto que has hecho me ha dolido», y tu mente ya lo ha traducido por completo.

Vínculos y gestión emocional

Una escena que se repite: «esto me ha dolido»

Alguien a quien quieres se acerca a ti, respira hondo y te dice: «Esto que has hecho me ha dolido».

Sin embargo, antes de que esa frase termine de posarse en el aire, tu mente ya la ha traducido por completo. No escuchas una conducta concreta; lo que tu cerebro procesa es una amenaza directa a tu valía:

«Eres una mala pareja.»

«Eres una mala amiga.»

«Eres una persona egoísta.»

«No eres la persona consciente y cuidadora que creías ser.»

En cuestión de segundos, el malestar del otro deja de estar en el centro y toda tu energía se dirige a defenderte. ¿Por qué nos ocurre esto? Y, sobre todo, ¿cómo podemos aprender a sostener estas conversaciones sin que nuestra identidad se rompa en el intento?

Respuesta de defensa

Cuando la crítica se siente como una amenaza

Cuando percibimos que un comentario toca la imagen que tenemos de nosotros mismos o pone en riesgo el vínculo con la otra persona, nuestro sistema nervioso entra en modo protección. Para salvaguardar nuestra identidad y alejarnos de la incomodidad de la culpa o la vergüenza, activamos mecanismos automáticos como:

  • Explicar nuestras intenciones: «Es que yo no lo hice con esa intención».
  • Buscar justificantes o razones externas: «Es que he tenido una semana horrorosa y no te das cuenta».
  • Lanzar la lista de méritos: recordar todo lo que sí has hecho por esa persona en el pasado.
  • Activar el contraataque: señalar lo que la otra persona también hace mal o cuándo hizo algo parecido.

Y es muy probable que parte de tus razones sean reales. No se trata de asumir automáticamente que el otro tiene toda la razón, ni de someternos a una visión distorsionada de la historia. Pero sí de observar con qué rapidez saltamos a defender nuestra «bondad» antes de poder ponernos en el lugar de quien tenemos enfrente.

Conducta e identidad

Separar lo que hacemos de quienes somos

El gran nudo que nos impide escuchar el dolor ajeno es la dificultad para diferenciar lo que hacemos de quienes somos.

Pensamos de manera dicotómica: o soy una «buena persona» incapaz de dañar, o si he cometido un error, me convierto en alguien defectuoso, egoísta o destructivo. Ante el miedo de caer en la segunda categoría, el ego saca todos sus escudos. Sin embargo, la realidad emocional es mucho más matizada:

Reconocer una conducta que ha causado daño no convierte esa conducta en tu identidad.

Puedes ser una persona empática, comprometida y cuidadosa y, al mismo tiempo, haber tenido un comportamiento egoísta, haber reaccionado desde la necesidad de control, haber estado distante o haber provocado dolor sin darte cuenta. Ambas cosas coexisten.

No necesitas convencerte de que eres «perfecto» o «completamente bueno» para poder mirar aquello de ti que no te gusta.

Madurez emocional

La pausa antes de la respuesta

La próxima vez que alguien importante para ti te exprese un malestar por algo que has dicho o hecho, intenta hacer una pausa consciente antes de responder. En lugar de activar el discurso defensivo, puedes hacerte una pregunta interna:

¿Hay algo de verdad —aunque sea solo un pequeño porcentaje— en lo que me está diciendo?

Quizá no sea agradable descubrir que has fallado, que has descuidado un espacio o que has actuado impulsivamente. La incomodidad que se siente en ese momento es real, pero es precisamente en ese espacio donde ocurre la madurez emocional.

Reparar el vínculo

Los cuatro pasos para reparar un vínculo

Madurar emocionalmente implica aprender a escuchar algo incómodo sobre nosotros mismos sin tener que salir corriendo a proteger la imagen que proyectamos. Tener un conocimiento real de uno mismo pasa por integrar tanto nuestras virtudes como aquellas partes que aún nos cuesta mirar. Cuando logras bajar la guardia, el camino hacia la reparación se vuelve mucho más sencillo:

1

Escucha activa y validación

Escucha el impacto en el otro sin interrumpir con tus intenciones. «Entiendo que esto que hice te hizo sentir solo/a/inseguro/a».

2

Responsabilización

Reconoce el hecho concreto sin matizarlo en exceso ni justificarlo.

3

Reparación

Pregunta o propón qué se necesita para reconstruir la confianza o el bienestar en el vínculo.

4

Aprendizaje

Integra la experiencia para actuar de forma diferente en situaciones futuras.

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¿Te cuesta gestionar la culpa o la crítica en tus relaciones?

A menudo, la dificultad para encajar un error proviene de una autocrítica muy rígida o de heridas de apego donde cometer un fallo significaba perder el afecto o la seguridad del entorno.

Si sientes que la defensividad, la culpa o el miedo a no ser «suficiente» interfieren en tu manera de vincularte con los demás, la terapia psicológica puede ayudarte a construir un espacio interno de mayor seguridad y autocompasión.

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FAQ

Preguntas frecuentes

No. Reconocer una conducta que ha causado daño no convierte esa conducta en tu identidad. Puedes ser una persona empática y cuidadora y, al mismo tiempo, haber actuado de una forma que ha herido a alguien. Ambas cosas coexisten.

Es probable que parte de tus razones sean reales. Escuchar el impacto no implica asumir que el otro tiene toda la razón ni aceptar una versión distorsionada de la historia. Primero escucha sin interrumpir; después podrás matizar lo que consideres necesario.

A menudo la dificultad proviene de una autocrítica muy rígida o de heridas de apego donde cometer un fallo significaba perder el afecto o la seguridad del entorno. Tu sistema nervioso lo vive como una amenaza y se defiende.

Cuando la defensividad, la culpa o el miedo a no ser «suficiente» interfieren de forma repetida en tu manera de vincularte con los demás. La terapia psicológica puede ayudarte a construir un espacio interno de mayor seguridad y autocompasión.

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Cristina Berzosa, psicóloga colegiada AO08272
Escrito por

Cristina Berzosa Ramos

Psicóloga · Nº colegiada AO08272, Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental · Trauma, apego, EMDR y terapia de pareja. Atención online y presencial en Málaga.

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